Y llegamos al final… del 2020

Los seres humanos estamos programados para proteger nuestra mente de eventos traumáticos. Sin quererlo construimos muros mentales cercando todo aquello que nos duele o alguna vez nos hizo daño. Nunca me ha quedado muy clara la naturaleza de este mecanismo, no sé si es algo psicológico o biológico, pero lo que si me queda claro es que es algo innato a todos.

Como final de año espero que esta «feature» de la especie no nos juegue una mala pasada. Está claro que todo el mundo quiere poner un muro a este año que nos deja. Todo el mundo quiere aislar el dolor y las penurias que se han pasado durante la duración del mismo, pero hay que pararse un momento a pensar en para qué construimos ese muro. Quiero pensar que las experiencias del pasado están ahí para hacernos crecer, para hacernos mejores personas. Me parece que cómo usamos este pasado define en gran mayoría que futuro que seremos capaces de construir.

Hay gente que decide idolatrar ese pasado, quedarse con el (o en el). Sobre todo si en este pasado hemos conseguido grandes cosas. He estado en esta situación y si algo me quedo claro es que eso solo me llevaría a estancarme. Todo cambiara a nuestro alrededor, nosotros nos quedaremos valorando el mundo a través de un pasado que no podemos aplicar. Desde este punto no podremos construir una imagen clara del presente. En algunos casos incluso lucharemos contra estos cambios, hasta el punto a veces de que esta batalla nos puede costar nuestro propio crecimiento y reputación como persona.

Hay gente que decide ocultar (o enterrar) este pasado. O bien se avergüenza de él o bien le produce tanto dolor que hace como si nunca hubiera existido. No soy consciente si alguna vez me he encontrado en esta situación, pero de alguna forma pienso es que sí me encontrara en esa negación y se presentara una situación similar ese estado me haría a volver a revivir lo que me llevo a negarlo una y otra vez.

Ambas opciones, como ejemplos extremos, a mi parecer, nos posicionarán en un lugar muy complicado para crecer. Siempre he pensado que la manera más saludable de enfrentarme al pasado (saludable no quiere decir sencilla) es la ACEPTACIÓN.

Aceptar, en el primero de los casos que hice algo muy bueno, sobrehumano si fuera el caso, pero que todo eso tuvo su lugar y su tiempo. Aceptar que los eventos en el tiempo nunca son constantes. Aceptar que es posible que ese éxito ahora mismo no sea tanto y que intentar vivir de las viejas glorias no es algo que pueda perdurar.

Aceptar, en el segundo de los casos que el pasado está ahí. Qué o bien fue un pequeño error o una gran «cagada» y que haga lo que haga siempre estará ahí. Que seguro que será duro seguir con esa mancha. Y que sí quiero puedo usarlo como un ejemplo de que no hacer.

Quiero pensar que una vez que hemos llegado a ese estado de aceptación el lugar en el que nos encontramos es el lugar perfecto para empezar a crecer, para empezar un nuevo ano.

Depende de tus circunstancias 2020 puede estar para ti en cualquiera de esas categorías, como algo maravilloso o cómo algo a olvidar. He escuchado varias veces que 2020 nos hará mejores personas. Y a muy pesar mío tengo mis dudas, por que veo a mi alrededor que la gente decide opción uno o opción dos.

Me gustaría estar convencido que 2021 nos hará mejores personas, aunque tengo la sensación de que eso solo ocurrirá cuando aceptemos 2020 como lo que fue. Ni lo alcemos por las nubes ni intentemos olvidarlo.

… bueno .. pues ala .. a por el 2021..

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